- No, Alvarito, tú debes quedarte aquí; cuida de nuestra casa como un centinela. El viaje que voy a emprender será largo y difícil, tú no podrías resistirlo y quizá llegaras a ser un estorbo para mi, porque un hombre solo puede salvar muchos peligros, pero no todos los que se le presenten si va acompañado de un niño como tú. ¿Comprendes? Todavía te faltan muchos años para ser hombre.
Llegué a este libro de Rafael M. Muñoz por Vicky. Ella fue una amiga muy querida de la carrera, personaje inefable, porque no puedes describirla con palabras, tienes que conocerla, caminar con ella, platicar, reír, comer, echarte un churrito y verla tejer pulseritas o collares. En cuanto ella me comentó del libro guardé muy bien en mi memoria el título, afortunadamente no tuve que esperar mucho, porque Conaculta y Editorial Planeta sacaron una serie de “Grandes Novelas de la Historia Mexicana” y, aunque un poco caro para una estudihambre como yo, lo compré.
De eso hace ya casi seis años, y hasta hoy tuve tiempo de leerlo. Y recordé a Vicky, y sonreí pensando que el nombre del autor es el mismo del ilustrador que me convierte en chicle las rodillas cada que lo veo, y me reí cuando Juanito se despidió de mi, estando yo tan absorta en el libro, que me hizo saltar y pegar un grito, que casi infarta a Fer, mi nueva vecina de trabajo.
De la novela les puedo comentar que me gustó. Últimamente lo de la Revolución Mexicana está en boga, por esto del Centenario y todo, y pues también, desde hace muuuuchos años muchas manifestaciones y plantones se cometen en su nombre. Obviamente hay muchas visiones y opiniones y, a fin de cuentas, cada quien usa y manipula tanto el vocablo como el hecho histórico y lo usamos según nuestro contexto personal, por lo que entender a cabalidad el significado de la Revolución va a ser un cuento de nunca acabar.
Pero hay una revolución que, a mi parecer, es la más importante que se gesta en esta historia: la de Alvarito/Álvaro. Alvarito al amparo de su padre, Álvaro a merced de la Revolución y la tropa de Marcos Ruiz. La inocencia perdida al ver caer al primer muerto, al aprender a disparar, al formar parte de un grupo de hombres, al estrenar la hombría que su padre le coartó mencionando su nombre en diminutivo cuando se despidió de él, al aprender a tener hambre y sobrevivir sólo con pinole.
Si la pueden conseguir, lean esta novela: capítulos cortos, concisos pero descriptivos, que nos sitúan no sólo en una época mexicana que no termina de acabar, sino en la mente de alguien que, como muchos, no entendió en su totalidad de lo que se trataba esa guerra.